El director del nuevo documental sobre el cantante desvela el emotivo reencuentro que acabó con el bajista de la banda financiando la recuperación de su excompañero

El esperado documental 'Di'Anno: Iron Maiden's Lost Singer' sobre la vida de Paul Di'Anno, el legendario primer cantante de Iron Maiden, ha destapado una historia de redención, orgullo y, finalmente, reconciliación. Su director, Wes Orshoski, ha desvelado en una reciente entrevista que Steve Harris, líder y bajista de la Doncella de Hierro, accedió a pagar la operación que su antiguo compañero necesitaba desesperadamente, un gesto que ha tardado cuarenta años en llegar.
Un reencuentro para la historia
Todo sucedió en mayo de 2022 en Zagreb (Croacia). Iron Maiden comenzaba su gira post-pandemia en la misma ciudad donde Di'Anno se estaba sometiendo a un largo tratamiento médico. El reencuentro era inevitable y, según Orshoski, se produjo un domingo por la noche, cuando Paul se reencontró con Steve Harris por primera vez en 40 años. Al día siguiente, dos fans que habían sido cruciales en la recuperación del vocalista, Stefan y Castro, le comunicaron la noticia tras una "reunión secreta" con Harris: "Steve ha accedido a pagar su operación", le dijeron.
El camino hasta ese momento no fue fácil. Orshoski cuenta que cuando empezó la película en 2017, el propio Paul le "engañó sobre su estado de salud". La producción se estancó por los continuos problemas del cantante, pero todo cambió en plena pandemia gracias a la intervención de dos fans. Uno montó una campaña de micromecenazgo y otro le convenció para tratarse en Croacia, donde la sanidad era de primera categoría y más asequible. Este giro de guion fue el que verdaderamente puso en marcha el documental.
De comedia macarra a drama humano
Curiosamente, la idea original del documental era muy distinta. Matt Green, de Cleopatra Records, y Cliff Evans, guitarrista de Killers (la banda de Di'Anno post-Maiden), propusieron a Orshoski una película "más bien cómica", centrada en el carácter histriónico y entretenido de Paul. "Era como un dibujante de cómics, al menos según sus recuerdos", explica el director. Sin embargo, la dura realidad de sus problemas de salud y su lucha por recuperarse convirtieron el proyecto en algo mucho más profundo y emotivo.
Orshoski se encontró con un Paul muy diferente al que le habían descrito, pero aceptó el reto de inmediato, atraído por el "estatus mítico" del cantante. A pesar de haber grabado solo los dos primeros discos, su leyenda seguía intacta. El director vio un "concepto cinematográfico interesante" en la idea de "ahondar en el mito de Paul Di'Anno".
No seas demasiado orgulloso para pedir ayuda cuando la necesites, ¿sabes?"
Para el cineasta, la película es una "historia con moraleja" sobre las consecuencias del orgullo. "He oído a algunas personas decir que esta película es una especie de historia con moraleja, y lo es. Yo diría que quizá no hay que dejar que el orgullo se te suba a la cabeza, ¿sabes? No seas demasiado orgulloso para pedir ayuda cuando la necesites, ¿sabes? A veces hay que pensar antes de actuar", reflexiona Orshoski, quien añade que si Paul hubiera seguido esos consejos, "quizá seguiría aquí".
El último rugido del león
Uno de los momentos cumbre del documental es el primer concierto de Di'Anno en siete años. Orshoski lo describe como una experiencia brutal: "Nunca me había parecido más libre, nunca me había parecido más feliz". La sala estaba abarrotada, con las paredes sudando literalmente por el calor. A pesar de las circunstancias, la voz de Paul estaba intacta. "Sonaba como si no hubiera cambiado en treinta años. Quiero decir, era perfecta", asegura el director.
Sonaba como si no hubiera cambiado en treinta años. Quiero decir, era perfecta"
Aquella noche, Di'Anno demostró que su talento seguía ahí. "El falsete estaba ahí. A veces sonaba como Rob Halford. Y luego, al final del concierto, terminó con una canción de los Sex Pistols y tenía toda la garra y ese tono gruñón de Johnny Rotten", recuerda Orshoski. Incluso hubo espacio para su humor socarrón, aunque con poco éxito. Al subir al escenario en silla de ruedas, soltó: "Incluso en esta silla de ruedas soy más alto que Ronnie James Dio", pero nadie se rió. "No tuvo el efecto que él quería", admite el director, "pero estaba de buen humor y lo bordó aquella noche".
Antes de su inesperado fallecimiento por un defecto cardíaco, Paul Di'Anno se sentía optimista. Estaba más sano que en la última década y había dado sus primeros pasos después de años postrado en una silla de ruedas. Sentía que "el cambio era posible" y que su vida iba a dar un giro positivo. Aunque nunca le obsesionó el dinero, sí se arrepintió de haber vendido sus derechos de autor de Iron Maiden, pero no era una persona que mirara atrás. Su historia, ahora inmortalizada en el cine, es la de un superviviente con una voz eterna.