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La historia detrás de uno de los grandes himnos de Prince: así grabó "Purple Rain" en una sola noche

 

El genio de Minneapolis prefirió la energía de un directo a la frialdad del estudio para registrar su obra maestra, capturando la magia en una toma única

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Cuando eres un genio como Prince, las reglas del resto de los mortales no aplican. En un movimiento que define su carácter legendario, el artista de Minneapolis decidió que la mejor manera de grabar la que sería su obra magna, "Purple Rain", no era en un estudio persiguiendo una toma perfecta, sino en directo, en una sola noche y con toda la crudeza del momento.

Una noche para la historia en First Avenue

La historia tiene lugar el 3 de agosto de 1983. La legendaria sala First Avenue de Minneapolis acogió un concierto benéfico para el Minnesota Dance Theatre que, sin que muchos lo supieran, se convertiría en una sesión de grabación histórica. Era la primera vez que la guitarrista Wendy Melvoin tocaba con The Revolution, y la banda estrenó ante el público un puñado de canciones que acabarían en el icónico álbum 'Purple Rain'.

Entre ellas, una balada épica de casi catorce minutos que dejó a todos boquiabiertos. Prince sabía que tenía algo especial entre manos y, en lugar de esperar, decidió capturar el rayo en la botella en ese mismo instante. Con la ayuda del ingeniero David Z, que aparcó su unidad móvil de grabación junto al local, se dispuso a grabar el concierto.

La crudeza frente a la perfección del estudio

La idea de Prince era clara: quería la energía imperfecta y la emoción a flor de piel de una actuación en vivo. Sabía que la magia que se crea con el público no se puede replicar entre las cuatro paredes de un estudio. Tras escuchar la toma de "Purple Rain" de esa noche, con su monumental solo de guitarra incluido, supo que lo había conseguido.

A pesar de que se hicieron algunas ediciones posteriores para ajustar la duración y añadir una sección de cuerdas, la base de la canción, la interpretación principal, es la que se tocó esa noche. Prince se negó rotundamente a volver a grabarla en el estudio, convencido de que ninguna toma "perfecta" podría superar la autenticidad de ese momento. Y, caray, tenía toda la razón.

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